“Las vacunas no fueron testeadas en animales” y otras declaraciones falaces de un médico argentino

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En un video compartido más de 2.000 veces en redes sociales desde fines de abril, el médico argentino Leonardo González Bayona insta a las personas a no confiar en las vacunas contra el covid-19, a las que llama “experimentos que no protegen de nada”. Sin embargo, sus afirmaciones son falsas, de acuerdo con la literatura científica y los expertos consultados.

“Quiero manifestar mi tristeza por enterarme que varios pacientes que yo atiendo, contentos, me han comunicado que ya están en lista de espera para recibir estas inoculaciones para covid”, dice González Bayona en un video que circula en Facebook (1, 2, 3) y Twitter. “Cuando ponen sus brazos para recibir esas mal llamadas vacunas están poniendo en juego su vida. Esos experimentos no los van a proteger de nada. Téngalo claro”.

González Bayona, integrante de los autodenominados “Médicos por la Verdad”, cuenta con matrícula para ejercer la medicina general tanto en la Ciudad como en la provincia de Buenos Aires. En Twitter, se presenta como profesional de dos centros de salud de referencia: el Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas “Norberto Quirno” (CEMIC) de Buenos Aires, y Fundación Favaloro. AFP Factual se comunicó con el área de prensa y comunicación de ambas instituciones, que aseguraron que González Bayona no pertenece a su personal ni ejerce ninguna función allí, y señalaron que no respaldan ni avalan sus dichos respecto de la pandemia de covid-19.

Captura de pantalla de una publicación en Facebook hecha el 3 de mayo de 2021

A continuación, la verificación de las principales afirmaciones del video viral.

¿“Terapias génicas” y “experimentos”?

González Bayona describe las vacunas contra el covid-19 como terapias génicas”. Esta idea circula desde mediados de 2020, especialmente respecto de las vacunas Moderna y Pfizer/BioNTech, que utilizan ARN mensajero (ARNm) del coronavirus para activar las defensas naturales del cuerpo.

Thalia García Téllez, especialista e investigadora en enfermedades infecciosas y vacunología del Hospital Cochin, París, explicó a AFP Factual que una terapia génica “es un procedimiento en el que se identifica un gen defectuoso como causa de una enfermedad y se modifica directamente el ADN celular” para tratarla.

García Téllez descartó, sin embargo, que las vacunas cumplieran esa función, destacando que la terapia génica es un proceso “tecnológicamente complejo y definitivamente una estrategia de aplicación masiva como las vacunas es imposible de usarse para tal fin”.

Con ella coincide Juan Sabatté, médico y doctor en microbiología e investigador del CONICET, en Argentina. “La terapia génica es un procedimiento terapéutico que se ha intentado mayormente a nivel experimental. Allí, a través de diferentes procesos de ingeniería genética (se intenta) insertar un gen de interés dentro del genoma humano”, dijo a AFP Factual, indicando que la función de las vacunas contra el covid-19 no es esa, sino la de lograr que el cuerpo genere una respuesta inmunitaria contra el virus que origina la enfermedad.

Por su parte, Grant McFadden, director del Centro de Biodiseño para la Inmunoterapia, Vacunas y Viroterapia de la Universidad Estatal de Arizona, dijo a la AFP las vacunas no son una terapia génica porque “no cambian el ADN de las células huésped y no pueden alterar los genes de las células de quien la recibe".

AFP Factual ya ha verificado como falsas diferentes versiones (1, 2, 3) que han circulado en redes sociales con la afirmación de que las vacunas contra el covid-19 modifican el ADN de quien las recibe.

Las vacunas contra el covid-19 sí fueron probadas en animales

González Bayona no aclara a qué vacunas contra el covid-19 hace referencia al asegurar que no fueron probadas en animales. La afirmación, sin embargo, es falsa. Las vacunas actualmente disponibles atravesaron la instancia de estudios preclínicos, que involucran pruebas en animales.

Los desarrolladores de la vacuna Oxford/AstraZeneca, por ejemplo, confirmaron en mayo de 2020 que su vacuna había pasado por pruebas en primates no humanos, lo mismo que los desarrolladores de la vacuna Sinovac, en China. Moderna publicó información respecto de estudios en animales en julio de ese año, y Pfizer y Johnson & Johnson en septiembre. La vacuna Sputnik V, del laboratorio ruso Gamaleya, también anunció pruebas en animales, incluyendo dos tipos de primates, antes de iniciar los ensayos clínicos de fase 1 y 2, que culminaron en agosto de 2020.

El monitor de desarrollo de vacunas de la Organización Mundial de la Salud muestra en qué etapa se encuentra cada vacuna contra el covid-19. Al 3 de mayo de 2021, había 77 en fase preclínica con estudios en animales en curso.

Como señala este artículo de Nature, la pandemia impulsó “una acción rápida y el desarrollo de vacunas en un período de tiempo sin precedentes”. Los datos preclínicos de otras vacunas en estudio contra los coronavirus SARS-CoV y MERS-CoV permitieron ahorrar tiempo al encarar la investigación de vacunas contra el SARS-CoV-2.

 Autoinmunidad, trastornos de conducta, infertilidad...

Nuevamente sin aclarar a qué tipo de vacuna hace referencia, González Bayona afirma que éstas están ocasionando severos efectos adversos en muchos países, y que en el futuro podrían generar enfermedades autoinmunes, trastornos de conducta e infertilidad. Estas supuestas consecuencias indeseadas y a largo plazo han circulado a lo largo de la pandemia y no se sustentan en evidencia alguna, como ya verificó AFP Factual en varias oportunidades (1, 2, 3, 4).

De acuerdo con los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), es improbable que después de recibir cualquier vacuna, incluida la vacuna contra el covid-19, se produzcan efectos secundarios graves en el largo plazo. “El monitoreo de la vacunación ha demostrado históricamente que los efectos secundarios generalmente ocurren dentro de las seis semanas posteriores a la administración de la vacuna”, se lee.

En ese sentido Kenneth Witwer, profesor de patología y neurología molecular y comparativa en la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, dijo a AFP Factual que si las vacunas ocasionasen los efectos adversos mencionados ya habría evidencia de ello, con millones de dosis aplicadas alrededor del mundo y ensayos clínicos que comenzaron hace un año.

González Bayona también alude a la prohibición de la vacuna Oxford/AstraZeneca en Dinamarca. En efecto, el país nórdico decidió frenar la administración de esa vacuna y también de la Janssen, de Johnson&Johnson, debido a sospechas de efectos secundarios en forma de trombosis y coágulos sanguíneos.

De acuerdo con la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), que dio el visto bueno a la vacuna de Oxford/AstraZeneca el 18 de marzo pasado, este inmunizante “es eficaz para prevenir hospitalizaciones, admisiones en unidades de cuidados intensivos (UCI) y muertes por COVID-19. Los efectos secundarios más comunes suelen ser leves o moderados y mejoran en unos pocos días. Los efectos secundarios más graves son casos muy raros de coágulos sanguíneos inusuales con plaquetas bajas, que se estima que ocurren en 1 de cada 100.000 personas vacunadas.”

La Agencia señaló también que la vacuna fue aprobada en la Unión Europea “porque sus beneficios superan los riesgos para una persona potencialmente expuesta al agente que causa la enfermedad”. Indica, sin embargo, que son las autoridades nacionales las que deben considerar todos los factores y decidir de qué manera administrar las vacunas.

Un análisis de daño/beneficio del Centro de investigación Winton para la Comunicación de Riesgos y Evidencias, de la Universidad de Cambridge, comparó la internación en unidades de terapia intensiva por covid-19 con el daño potencial más extremo de la vacuna Oxford/AstraZeneca, que es la trombosis. La conclusión principal es que, en oposición a los riesgos, los beneficios de la vacunación aumentan proporcionalmente con la edad y con la incidencia del virus. Además, señala el artículo, una persona vacunada seguirá acumulando ese beneficio durante la vida útil de protección que le otorga la vacuna, mientras que el riesgo de la vacunación ocurre solo en el momento de la vacunación. Esto significa que, con el tiempo, los beneficios aumentan mientras los riesgos no.

AFP Factual ya ha verificado otras afirmaciones falsas de Leonardo González Bayona (1, 2).

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