Los zapatos poulaines o crakows se usaron en la Edad Media, pero no para guardar distancia social

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Una imagen con cuatro zapatos de puntas muy alargadas ha sido compartida unas 1.000 veces desde el pasado 11 de julio asegurando que son “babuchas o zapatos” creados durante la Edad Media para guardar la distancia social por la peste negra, entre otras afirmaciones. En realidad, ese calzado fue muy popular entre la clase alta europea en ese periodo, pero no se creó para guardar distancia social, según la bibliografía y expertos consultados. 

“En la Edad Media, durante la peste negra, se inventaron estas babuchas o zapatos con puntas muy alargadas, incluso más que estas, para guardar, como ahora, la ‘distancia social’”, así empiezan las publicaciones en Facebook (1, 2) que incluyen la fotografía.

Captura de pantalla tomada el 21 de julio de 2020 de una publicación en Facebook

Las publicaciones indican que los zapatos se inventaron durante la peste negra. A lo largo de la historia, precisa la OMS, la peste ha provocado grandes pandemias con una elevada mortalidad. En el siglo XIV, todavía la Edad Media, se le conoció como “peste negra” y provocó la muerte de unas 50 millones de personas en Europa.

Aunque no hay consenso sobre las fechas, la mayoría de los historiadores coincide en que la pandemia de la peste negra tuvo lugar aproximadamente entre 1346 y 1353.

La doctora en Historia Nükhet Varlık, profesora de civilización e historia de la medicina de la Universidad de Rutgers, en Newark, Estados Unidos, explicó a la AFP que no hay ninguna mención al distanciamiento social, ropa o calzado usado durante las epidemias de peste.

“Sobre los zapatos, no hay mención de que se usaran para mantener la distancia social o física durante las epidemias de peste (...) Estos zapatos no se usaron para ese propósito”, explica Varlik.

Poulaines o zapatos polacos

Una búsqueda inversa en los motores de Google muestra entre sus resultados la imagen de los tres zapatos en la página del Museo de Londres

De acuerdo con el museo, este tipo de calzado “extravagantemente puntiagudo” estuvo de moda en los siglos XIV a XVI.

“Algunos de los zapatos de nuestra colección tienen puntos que se extienden más de 10 centímetros más allá del dedo del pie”, dice la página, que explica que fueron llamados poulaines, zapatos polacos o también cracows, “ya que se creía que se originaron en la ciudad que ahora es Cracovia”.

Según el museo, en este período asociaban este tipo de zapatos con “sexualidades alternativas o desviadas”.

“En el siglo XII, Orderic Vitalis, un monje benedictino inglés bien considerado por los historiadores, escribió que aquellos que usaban zapatos puntiagudos ‘se entregaban a la suciedad sodomítica’, y que los hombres jóvenes que los usaban también tenían ‘largos y lujosos mechones como las mujeres’ y ‘camisas y túnicas demasiado apretadas’”, dice la página.

El Museo de Londres indica que dos de estos calzados, el liso y el grabado con hojas, pertenecen a la selección de zapatos medievales de cuero y que su origen estaría entre los años 1200 y 1400.

Comparación realizada el 21 de julio de 2020 entre la fotografía compartida por las publicaciones de Facebook (izquierda) y dos fotos del Museo de Londres (derecha-abajo)

De acuerdo con esa institución, la fecha del origen del zapato con rayas claras podría estar entre 1350 y 1400, y pertenece a un grupo de zapatos recuperados en excavaciones arqueológicas en el castillo de Baynard en la orilla norte del Támesis.  

Según el museo, es posible que este modelo no pertenezca a hogares con dinero “porque algunos (...) habían sido varias veces reparados”, aunque no descarta que otros pudieran haber venido del armario real, que se encuentra al norte de ese lugar. Y agrega: “Es probable que solo los miembros más conscientes de la moda de la sociedad llevaran ejemplos tan extremos”.

Este libro explica la evolución del calzado para la Edad Media y afirma que se pasó de una moda plana a una tendencia “altamente refinada e incluso frívola” entre los siglos XIV y XV. También relata que los hombres más conservadores y algunos líderes de la iglesia y gobernantes políticos “consideraron la nueva moda ridícula y vergonzosa” y llamaban a los zapatos los “dedos del diablo”.

Además, señala que el rey Eduardo III promulgó una ley para limitar el largo del calzado según la clase social. La gente común solo podía usar zapatos de seis pulgadas”, mientras que los caballeros “podían llegar a las quince pulgadas, y la nobleza aún más largo”, explica.

“Uno de los estilos más populares en Europa entre el siglo XII al XV fue traído de Medio Oriente y eran zapatos con puntos largos, llamados crackowes o poulaines”, dice el libro. Y explica que fueron introducidos en Inglaterra por nobles polacos que vinieron a visitar a Anna, la esposa polaca del rey británico Ricardo II.  

Además, agrega que tras la muerte de millones de personas por la peste negra, los sobrevivientes quisieron encontrar “esperanza y alegría” y buscaron modas frívolas para ese fin. “Los zapatos largos y puntiagudos que usaban los nobles polacos fueron los primeros que se vieron en la corte británica, y pronto fueron ampliamente imitados”. 

La historiadora de arte y de la moda Laura Beltrán-Rubio señala que este tipo de calzado solo era accesible para personas con alto estatus social: materiales como el cuero y el acceso a quien lo trabajara no eran tan fáciles de conseguir en esa época” y cita este libro sobre la historia de los zapatos para afirmar que su popularidad “pudo tener que ver con el deseo de las élites de mostrar su riqueza en medio de la austeridad que dejó la peste negra”.

Máscaras para protegerse de la peste

Las publicaciones también indicaban que “se utilizaban máscaras parecidas a las de los carnavales para protegerse de la peste”.

Según la bibliografía consultada, durante la pandemia de la peste, los médicos que trataban la enfermedad usaban un abrigo largo hasta el tobillo y “una máscara de pico con forma de pájaro llena de sustancias de olor dulce o fuerte, junto con guantes y botas” para guardar la distancia con el paciente.

“La máscara tenía aberturas de cristal para los ojos. Las correas sostenían el pico frente a la nariz del médico, que tenía dos pequeños orificios nasales y era un tipo de respirador. El pico puede contener flores secas (por ejemplo, rosas o claveles), hierbas (por ejemplo, menta), especias, alcanfor o una esponja de vinagre. El objetivo de la máscara era eliminar los malos olores, que se cree que son la causa principal de la enfermedad”, explica este artículo de la Sociedad de Historia de la Medicina de la Universidad de Iowa, Estados Unidos.

La historiadora Varlik señala que ese atuendo “fue utilizado principalmente por los médicos” y explica que fueron sus primeros trajes de protección.

Llevaban un palo largo en sus manos que los ayudaba a examinar a los pacientes sin tocarlos. Su atuendo es una versión anterior de lo que hoy entendemos como equipo de protección personal”, explica.

La imagen de la nariguda máscara del doctor de la peste surgió en el siglo XI y es uno de los símbolos del Carnaval de Venecia, Italia. Su más reciente edición se realizó el pasado 26 de febrero, en pleno brote por el nuevo coronavirus. Allí se pudo ver la tradicional procesión con este disfraz.

Participantes de la "procesión de médicos de la peste" en la Plaza de San Marcos en Venecia el 25 de febrero de 2020 durante el Carnaval

¿Confinamiento severo?

Otra de las afirmaciones de la publicación es que “el confinamiento era mucho más severo” y que los encargados de la vigilancia y el orden de la época podían sellar tu casa y no dejarte salir ni a ti ni a tu familia”.

Este texto en la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos explica las medidas de protección tomadas durante la pandemia de la peste. Ninguna describe un confinamiento como el que plantean las publicaciones, pero sí señala que esa enfermedad originó las cuarentenas.

También señala que se crearon lugares fuera de la ciudad conocidos como lazarettos, para el tratamiento de enfermos o de pacientes sospechosos de estar infectados.

Sobre Romeo y Julieta

Las publicaciones también mencionan la historia de Romeo y Julieta: “Fray Lorenzo, que había casado en secreto a los jóvenes amantes es puesto en cuarentena y no puede avisarles de la falsa muerte que han orquestado”.

En efecto, en la obra de William Shakespeare, escrita en 1597, Fray Lorenzo casa en secreto a la pareja. Sin embargo, quien debía entregar la carta a Romeo explicando el plan para la pareja -Julieta fingiría morir- era Fray Juan. En la escena II del acto V Fray Juan explica que no pudo cumplir su misión porque fue puesto en cuarentena por la peste.  

FRAY JUAN.- Busqué a un fraile descalzo de nuestra orden, para que me acompañara. Al fin le encontré, curando enfermos. La ronda, al vernos salir de una casa, temió que en ella hubiese peste. Sellaron las puertas, y no nos dejaron salir. Por eso se desbarató el viaje a Mantua.

FRAY LORENZO.- ¿Y quién llevó la carta a Romeo? 

FRAY JUAN.- Nadie: aquí está. No pude encontrar siquiera quien os la devolviese. Tal miedo tenían todos a la peste.

De acuerdo con Lindsey Cordey, profesora de literatura inglesa en la Universidad de la República en Uruguay, la peste está presente en casi toda la obra de Shakespeare. 

“En la época de Shakespeare había brotes de la peste bubónica muy seguidos y se cerraban los teatros. En la época en que escribió Romeo y Julieta, hubo un brote muy grande. La peste se referencia muchísimo en toda la obra de Shakespeare, y aparece en el lenguaje cotidiano de la época”, explica. 

En conclusión, los zapatos de las publicaciones sí fueron populares durante la Edad Media, pero su objetivo no era guardar distancia social por la peste negra. Por otra parte, las máscaras del Carnaval de Venecia, en efecto, imitan a las que usaban los doctores durante la peste y aunque no hay registros de confinamientos como los descritos, hay bibliografía que señala que en esa época comenzaron las cuarentenas. 

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