El nuevo coronavirus no fue patentado por el Instituto Pasteur

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Una publicación compartida alrededor de 1.000 veces en Facebook asegura que el COVID-19 fue creado en 2003 por el Instituto Pasteur de Francia, del cual dice que tiene la patente, además de otras afirmaciones que señalan que la enfermedad fue inducida. Aunque el Instituto Pasteur tiene una patente de coronavirus de 2004, no se trata del COVID-19. De hecho, que se presenten patentes de virus, no significa que se hayan creado.

“En este post les doy información y las fuentes del origen del COVID-19, que existe desde 2003, una patente legal internacional que prueba que fue creado por personas con conocimientos en armas químicas. El documento en cuestión contiene 300 páginas, ya que es todo un trabajo científico realizado e incluso tiene su vacuna en el Instituto Pasteur de Francia. Se trata de un acto de asesinato en masa con la intención de matar a millones de personas (...), comienza el largo texto de la publicación en Facebook, que circula desde el 18 de marzo pasado.

El texto contiene otras afirmaciones como que “la cepa fue tomada en Vietnam”, que el coronavirus fue expandido “con drones” en la ciudad china de Wuhan, que el “experimento” está “unido a la red 5G, chemtrails entre otros tóxicos más” o que realmente se pretende la expansión del virus a través de una falsa vacuna.

Captura de pantalla de una publicación en Facebook, hecha el 20 de marzo de 2020

En francés, la afirmación de que el virus fue creado por este Instituto, ha circulado a través de un vídeo -ya eliminado- en Facebook (1) desde el 17 de marzo y compartido más de 125.000 veces en las primeras 24 horas. Las imágenes circularon igualmente por WhatsApp y YouTube.

La teoría sobre la patente también circula en otros idiomas como turco.

Los coronavirus SARS-Cov y SARS-Cov-2

La patente a la que se refiere la publicación, la EP 1 694 829 B1, existe y está disponible aquí, en francés, según confirmó a la AFP Olivier Schwartz, director de la unidad de virus e inmunología del Instituto Pasteur. Sin embargo, hace referencia a un virus diferente del detectado por primera vez a fines de 2019 en China.

“No patentamos un virus, sino la codificación genética de un virus”, aseguró Schwartz a la AFP.

El código genético en la patente presentada en 2004 por el Instituto Pasteur se relaciona con una cepa de SRAS (“Síndrome Respiratorio Agudo Severo o Grave” o "SARS-CoV", su nombre científico), otro coronavirus que afectó a 8.000 personas en 30 países entre 2002 y 2003, y que causó más de 700 muertes, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“No hay un solo coronavirus, existen al menos siete, por lo que, el contenido de esta secuencia (o código genético, ndlr) corresponde a la epidemia de 2003, es un primo del virus que centra la epidemia actual”, detalló Schwartz.

"El virus responsable del COVID-19 y el virus que causa el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS) están genéticamente vinculados, pero son diferentes", explica la web de la OMS. El virus que provoca la enfermedad COVID-19, de hecho, se nombra como SARS-CoV-2, según el mismo organismo.

“Existe un 80% de similitudes en su secuencia genética con el virus de 2003, pero no es la misma”, añade el director de la unidad de virus e inmunología del Instituto Pasteur.

Las vacunas que se probaron en la patente presentada en 2004 no pueden reutilizarse para el nuevo coronavirus, aclaró Schwartz, "debido a estas diferencias".

Patentar no es crear

La publicación viral vincula al COVID-19 con el SARS-CoV, y detalla: "En las primeras líneas de la patente explica.. 'La presente invención se refiere a una nueva cepa de coronavirus asociada con el síndrome respiratorio agudo severo (SRAS), resultante de una muestra registrada con el número 031589 y tomada en Hanoi (Vietnam), moléculas de ácido nucleico derivadas de su genoma, las proteínas y péptidos codificados por dichas moléculas de ácido nucleico y sus aplicaciones, especialmente como reactivos de diagnóstico y / o como vacuna'".

Esa afirmación citada aparece en el documento de la patente, como puede verse en el extracto a continuación:

Captura de pantalla de la patente presentada por el Instituto Pasteur en 2004, hecha el 18 de marzo de 2020

A raíz de este fragmento, la publicación en Facebook pretende asegurar que la codificación genética del SARS-CoV se habría usado para “inventar” en laboratorio una evolución del virus que sería el SARS-CoV-2 (COVID-19).

Pero, si bien existen patentes de los códigos genéticos de virus, no significa que éstos hayan sido creados por “la mano del hombre” como sostiene la publicación. En este sentido, el término “invención” utilizado en el texto de la patente tiene, en francés, un significado diferente al de “crear”. La palabra “inventor” o “invención” puede referirse a “descubridor” o “descubrimiento, hallazgo” (según la cuarta acepción del diccionario Larousse).

Por otro lado, la presentación de patentes relacionadas con virus son comunes y, a menudo son "solo declaraciones de descubrimiento", explicó a la AFP Vincent Enouf, director adjunto del Centro Nacional de Referencia (CNR) para virus de infecciones de sistemas respiratorios del Instituto Pasteur.

"Puede existir una patente sobre una tecnología, sobre un diagnóstico o sobre muchas otras cosas", continuó, añadiendo que se trata sobre todo de "proteger el descubrimiento" hasta que, por ejemplo, se publica un artículo en una revista científica.

Cuando uno presenta una solicitud de patente, "describe su técnica", como por ejemplo la elección de un área particular del genoma del virus para realizar las pruebas.

SARS-CoV-2, una evolución natural

En consonancia con las aclaraciones del Instituto Pasteur, un estudio publicado en la revista Nature Medicine y llevado a cabo por científicos del instituto de investigación Scripps de Estados Unidos, concluye que el coronavirus causante del COVID-19 es producto de la evolución natural.

“Comparando los datos de secuencia del genoma disponibles para las cepas de coronavirus conocidas, podemos determinar con firmeza que el SARS-CoV-2 se originó a través de procesos naturales”, aseguró Kristian Andersen, uno de los autores del estudio.

El estudio subraya también la rapidez con que los científicos chinos extrajeron la codificación genética del nuevo virus y lo pusieron a disposición de la comunidad científica internacional.

Los autores del estudio se centraron en analizar las proteínas del virus que este emplea para entrar en las células humanas y animales. Descubrieron que “el dominio de unión al receptor (RBD, por sus siglas en inglés) de una de esas proteínas había evolucionado para atacar eficazmente una característica molecular en el exterior de las células.

Así, esa proteína tenía una enorme capacidad para unir células humanas. Esto dio indicios a los científicos para concluir que se trataba de una evolución natural.

Si el COVID-19 hubiese sido alterado genéticamente en un laboratorio o diseñado como patógeno, los científicos advierten que se habría construido a partir de un virus que causa enfermedades, como el SARS-CoV. 

La estructura básica SARS-CoV-2 difiere, según el estudio, de los coronavirus ya conocidos, y se parece a la que tienen la mayoría de los virus relacionados que se encuentran en murciélagos y pangolines, hecho que también apoya la tesis de que no fue manipulado genéticamente.

¿Por qué se patentan virus?

“El interés de patentar es proteger esta secuencia para poder desarrollar pruebas de diagnóstico y posibles vacunas”, explicó Olivier Schwartz a la AFP.

El papel del Instituto Pasteur, fundado en 1888, es precisamente trabajar en los virus emergentes para desarrollar tratamientos y vacunas.

En el caso del documento presentado en 2004, “patentamos o protegimos la secuencia, el código genético, de un virus aislado en Vietnam en el momento de la epidemia de SRAS”, añadió Schwartz.

“En ese momento, los equipos del Instituto Pasteur se movilizaron, proponiendo numerosas estrategias de vacunas, incluida una posible vacuna basada en la del sarampión (la vacuna contra el sarampión puede recombinarse y utilizarse como vehículo para inducir una respuesta inmune contra otros agentes patógenos como el SARS-CoV)”, explicó el Instituto Pasteur en un comunicado que desmiente la desinformación que ha circulado en las redes.

“El conocimiento adquirido en 2003 contra el SARS-CoV, y la posible vacuna patentada en 2004, son actualmente aplicados por los científicos que trabajan en un proyecto de vacuna potencial contra el SARS-CoV-2, usando como base la vacuna del sarampión”, precisó.

A 20 de marzo de 2020, el nuevo coronavirus ha contagiado ya a cerca de 250.000 personas y matado a más de 10.000, según datos oficiales recogidos por la AFP, provocando medidas de contención sin precedentes en casi todo el mundo.

En conclusión, el virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19, es muy parecido a una patente de SARS-CoV del Instituto Pasteur de 2004, pero no es el mismo. A su vez, la institución rechazó ser responsable de su creación. Según una investigación realizada por científicos estadounidenses, el nuevo coronavirus es fruto de una evolución natural.

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