Los pájaros pasan volando, mientras el Sol se pone detrás de las nubes y los tejados del distrito Kreuzberg de Berlín, Alemania, el 11 de julio de 2021 ( AFP / David Gannon)

Las explosiones solares no perjudican la salud humana, pero algunas sí afectan las tecnologías

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Los intensos estallidos de radiación o luz del Sol pueden afectar los equipamientos eléctricos o electrónicos, como las radios o los GPS, y presentar riesgos para las naves espaciales y los astronautas; pero no la salud humana, como afirman usuarios de redes sociales en publicaciones compartidas cientos de veces desde el 16 de julio de 2022. Estas consecuencias suceden especialmente en órbita o en las regiones de altas latitudes, aunque no son frecuentes, según información de la agencia espacial de Estados Unidos (NASA) y expertos consultados por la AFP.

“Otra explosión solar clase M 3 creo. No son las más fuertes, pero expulsan energías y nuestro sistema neuronal lo percibe, en cerebro. Tengo la certeza de que muchos experimentaron Limpieza Digestiva repentina… Esto también trajo revoltijo náuseas, mareos etc.”, dicen las publicaciones en Facebook (1, 2) y Twitter, acompañadas de una captura de pantalla que muestra la velocidad del viento solar en tiempo real.

Captura de pantalla de una publicación en Facebook realizada el 25 de julio de 2022

Las explosiones o fulguraciones solares son intensos estallidos de radiación o luz en el Sol, señala la agencia espacial de Estados Unidos (NASA) en su sitio web. Pero “no es cierto” que estas tienen consecuencias negativas en la salud de las personas, pues “ocurren en el Sol, a gran distancia de nosotros y sus efectos en la superficie terrestre son despreciables porque la atmósfera nos protege”, aseguró a la AFP el doctor en Astronomía Juan Downes, profesor de la Universidad de la República, en Uruguay.

La agencia espacial estadounidense explica que las explosiones solares se clasifican según su fuerza o producción de energía. La escala utiliza cuatro letras para denotar la intensidad de los eventos (B, C, M y X, siendo X la más intensa) seguidas de una cifra entre cero y 10. Cada letra representa un nivel de energía 10 veces mayor que la anterior y, a partir de M5, el evento se considera “fuerte”.

Las fulguraciones “ocurren con bastante frecuencia” y pueden tener consecuencias, “pero no directamente en los humanos”, explicó a la AFP el doctor en Astronomía uruguayo Gonzalo Tancredi. “Las principales consecuencias son a los equipamientos eléctrico y electrónico, especialmente en órbita o en las regiones de altas latitudes”, aclaró. Por ejemplo, las comunicaciones por radio, las redes de energía eléctrica y las señales de navegación. También pueden presentar riesgos para las naves espaciales y los astronautas, pero no a seres humanos en la Tierra.

Las erupciones solares no son directamente dañinas para los humanos en la Tierra porque la atmósfera absorbe la mayor parte de la intensa radiación del Sol, amplía la NASA en su web. Las “más fuertes”, clasificadas como clase M5 o superior, “pueden tener impactos en la tecnología que depende de la ionosfera de la Tierra, nuestra atmósfera superior cargada eléctricamente, como la radio de alta frecuencia utilizada para la navegación y el GPS”, explica la agencia.

Y agrega: “Cuando el estallido de luz de una explosión llega a la Tierra, puede causar oleadas de electricidad y centelleo, o destellos de luz en la ionosfera, lo que provoca apagones en la señal de radio que pueden durar minutos o, en el peor de los casos, horas a la vez. Un riesgo de un apagón de radio es que las radios a menudo se usan para comunicaciones de emergencia, por ejemplo, para dirigir a las personas en medio de un terremoto o un huracán”.

Viento solar

Las publicaciones están acompañadas de una captura de pantalla que muestra la velocidad del viento solar. El término se refiere a una corriente continua de partículas en estado de plasma que fluye hacia afuera del Sol, señala, a grandes rasgos, el Servicio Nacional de Satélites Ambientales, Datos e Información de Estados Unidos.

Una búsqueda en Google con palabras clave de la captura de pantalla llevó a un sitio web que reporta la actividad solar “en tiempo real” igual a la viralizada. 

“En páginas como esta, se reporta la actividad del Sol constantemente como si se tratara de un reporte meteorológico”, explicó Downes. “El Sol, como la mayoría de las estrellas, no es un objeto estático, presenta cambios a distintas escalas temporales y se producen en él explosiones y emisiones de energía cambiantes. Su campo magnético también cambia e incluso sufre eyecciones de partículas”, especificó.

El viento y las explosiones solares están relacionadas entre sí, confirmó el astrónomo, pues cuando se producen las fulguraciones, el viento y la actividad magnética del Sol aumentan. “Esas son las partículas que interfieren en las comunicaciones y es el único efecto práctico del viento solar sobre las personas”, aclaró el especialista.

“En la fecha en cuestión la actividad solar era baja, es decir, la probabilidad de ocurrencia de explosiones intensas era muy baja”, agregó.

Datos registrados por el Laboratorio de Astrofísica y Solar de Lockheed Martin, y compartidos por el  Observatorio Solar y Heliosférico de la NASA (SOHO, por sus siglas en inglés), muestran que efectivamente hubo una explosión solar el 16 de julio de 2022. El fenómeno fue clasificado como M2.8.

“Justamente en estos años estamos cerca del mínimo de actividad solar. Por eso, lo que ocurrió el 16 de julio fue una explosión, pero de baja energía”, concluyó Downes.

28 de julio de 2022 Cambia "experto consultado" por "expertos consultados" en primer párrafo.