Estos productos sí son utilizados en las vacunas, pero no son tóxicos en esas dosis

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Una publicación compartida al menos 2.800 veces en Facebook enumera 26 compuestos, varios de ellos supuestamente “carcinógenos” o “tóxicos”, que recibiría un niño a través de vacunas “en los primeros 6 años de vida”. Pero según expertos consultados por la AFP Factual, la afirmación es falsa. Los productos de esta lista, que son usados en la manufactura de las vacunas, no son tóxicos en estas cantidades y además son eliminados por el cuerpo.  

“Los ingredientes de las vacunas al descubierto”, dice una publicación en Facebook que ha sido compartida al menos 2.800 veces en distintos formatos (123456) y que enumera una lista de “peligrosos ingredientes” que son administrados a los niños hasta los seis años, a través de las vacunas recomendadas por las autoridades sanitarias. Todas las entradas citan al mismo libro: “Lo que las compañías farmacéuticas no quieren que sepas acerca de las vacunas" , del "Dr. Todd M. Elsner".

La lista circula en Facebook desde el 17 de septiembre de 2018 y volvió a ser publicada en abril y mayo de 2020.  También fue compartida miles de veces en francés.

Captura de una publicación en Facebook realizada el 7 de mayo de 2020

En efecto, existe un libro a la venta con el mismo título y autor. Sin embargo, no existen publicaciones a nombre de Todd M Elsner en las bases de datos de Google Académico ni de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos .

Varias de las sustancias mencionadas sí están presentes en vacunas, pero los expertos consultados por el equipo de verificación de la AFP aseguran que estos productos no son peligrosos: se encuentran en cantidades muy bajas para ser tóxicos y son eliminados por el cuerpo.

Consultado por AFP Factual Milton Crosby, profesor asociado del Departamento de Farmacia de la Universidad Nacional de Colombia, aseguró que la lista de ingredientes en su mayoría coincide “con la realidad y la tecnología de fabricación” de las vacunas. 

Pero, al contrario de lo que afirma la publicación, la mayoría de estos productos no son tóxicos, letales ni carcinógenos en estas dosis, y de hecho ayudan a mejorar la seguridad de las vacunas administradas a niños. 

Algunos ejemplos

Las publicaciones cuestionan la presencia de “801,6 microgramos (mcg) de formaldehído (Carcinógeno, agente de embalsamamiento)” en las vacunas.

El formaldehído es usado para neutralizar “la toxicidad” de una sustancia presente en una vacuna al momento de su fabricación, explicó al equipo de verificación de la AFP el profesor François Chast, presidente honorario de la Academia de Farmacia de Francia, en una entrevista el 30 de abril de 2020. 

Según Crosby, de la Universidad Nacional de Colombia, no es del todo exacto afirmar que las vacunas contienen formaldehído: “No es directamente formaldehído, es un compuesto que libera formaldehído y el exceso de este es neutralizado”, dijo. 

“El efecto cancerígeno y/o tóxico  [del Formaldehído] en vacunas no existe”, sentenció el farmacéutico.

La publicación también asegura que a través de las vacunas un niño recibe “116 mcg de cloruro potásico (usado en una inyección letal)”.

La comparación es errada: “La inyección letal es intravenosa, ninguna vacuna se administra en una vena”, dijo Chast. “Y las dosis peligrosas son mayores a 1 o 2 gramos. La dosis de 116 mcg es 10.000 veces menor”, agregó. 

A parte del “cloruro potásico”,  la publicación también señala como componentes peligrosos el fosfato de potasio, el bicarbonato de sodio y el hidróxido de sodio

Todos son usados en las soluciones de las vacunas, y en otras drogas, para “neutralizar el exceso de acidez” y permitir “que el cuerpo tolere la inyección”, aclaró Chast. 

Crosby señaló que “los fosfatos, citratos, carbonatos, cloruro de sodio o potasio hacen parte de la composición de la sangre y/o cualquier fluido biológico” y, por lo tanto, “no poseen ningún efecto nocivo sobre la salud de un niño”.

La lista también condena la presencia de antibióticos en las vacunas.

Estos son usados durante la producción de la vacuna “para evitar la contaminación por bacterias. Al momento de la inyección queda alguna cantidad de antibiótico, pero son solo rastros”, explicó la profesora Elisabeth Bouvet, presidenta del comité técnico para la vacunación de la Alta Autoridad de la Salud francesa, en entrevista del 4 de mayo de 2020.  

Todos estos productos son excipientes, es decir sirven para asegurar la conservación de las medicinas o vacunas y para facilitar su administración.   

Estos excipientes son eliminados muy rápidamente por el cuerpo luego de la inyección, según la profesora Bouvet. Por lo tanto no se pueden acumular en el cuerpo de un niño hasta que cumple 6 años.   

El polisorbato 80, otro de los componentes a los que se hace mención en la publicación, es utilizado en cosméticos y en la mayoría de medicamentos inyectables”, según Crosby. 

El experto también señaló que la albúmina (sangre humana) hace parte de la proteína sanguínea”  y que la concentración que se encuentra en una vacuna “no posee efecto biológico”.  

En cuanto a las “cantidades desconocidas de células del mrc-5 (bebés humanos abortados)” mencionadas en la lista, el farmacéutico aclaró que “la célula MRC-5 no está presente en vacunas”. No obstante, estas sí contienen “proteínas provenientes de esta célula” que se encuentran en concentraciones muy bajas “como contaminación derivada del proceso de producción”.

Dosis muy bajas

La publicación también critica los “5,700 mcg de aluminio”, que son presentados como una “neurotoxina”. En realidad, la sustancia es utilizada como un complemento en las vacunas de difteria para “promover la respuesta inmune del niño”, señaló el profesor Chast.   

“Si no usaramos aluminio, tendríamos que multiplicar por 5 o 10 la cantidad de toxinas administradas” para estimular el desarrollo de anticuerpos, lo que “sería peligroso”, según el profesor.   

En el caso francés, las autoridades sanitarias han fijado la cantidad máxima de aluminio en una vacuna en 0,85 miligramos. Una dosis muy baja que “no es nada en comparación de las dosis que comemos todos los días”, según el doctor Robert Cohen, vicepresidente de la Sociedad Francesa de Pediatría.

En esto coincide el comité asesor de vacunas de la Asociación Española de Pediatría, que en su sitio web explica“La cantidad de aluminio que contienen las vacunas es muy inferior (menos del 1%) a las cantidades de aluminio que de forma natural contienen, por ejemplo, los alimentos habituales que consumimos”.    

En efecto, la ANSES, la institución que vigila a la industria alimenticia en Francia, estima que un niño de 10 kilos ingiere 4,2 miligramos de aluminio cada semana. Esto es cinco veces más que la cantidad de aluminio inyectada a través de la vacunación obligatoria durante la infancia.  

Por otro lado, el borato de sodio, otro de los componentes mencionados en el listado, “no posee efecto tóxico a la concentración utilizada y solo una o dos de las vacunas [que un niño recibe] están preservadas con este compuesto químico”, según Crosby.

La lista denundia los “23,25 mcg de gelatinay los “560 mcg de polisorbato (carcinógeno)” que están presentes en las vacunas. Algo que Chast consideró “ridículo”, ya que estas dos sustancias “se usan en la confitería sin causar problemas”.

En conclusión, aunque esta lista sí enumera varios componentes que se encuentran en las vacunas, el texto contiene múltiples imprecisiones acerca de los supuestos efectos nocivos de estas sustancias, que no son tóxicas ni carcinógenas en las cantidades que se encuentran en las vacunas.   

 
Thomas Saint-Cricq